19 de enero de 2017

LA LUZ OSCURA





No es de ahora, la comúnmente llamada factura de la luz siempre ha sido un palo para las economías familiares, incluso cuando solo utilizábamos la energía eléctrica para iluminarnos y oír la radio. Siempre costó trabajo pagar esa factura.  Lo bueno de entonces es que prácticamente pagabas lo que consumías. Desde que la fiebre liberal comenzó a privatizar las compañías eléctricas todo cambió. Hoy lo que pagamos por nuestro consumo eléctrico representa escasamente el 35% del importe total de la factura, el resto son añadidos. Nuestros gobiernos "controlan" el precio del Kw/hora consumido pero nos obsequian con una retahíla de impuestos y cánones, de los cuales no sabemos muy bien la razón por la que los debemos pagar.

Las autoridades, y los que no lo son, se afanan en explicarnos la factura, tal vez nos toman a todos por idiotas. Lo que no nos explican es la razón por la cual debemos pagar determinados platos rotos a causa de una gestión de la energía propia de aficionados o de ladrones. 

Peaje de acceso a potencia, Comercialización, Peaje de acceso a energía, Impuesto sobre electricidad, Alquiler de contadores y equipos de medida, Primas varias, etc... y por supuesto el IVA. Un IVA al tipo del 21%, al tipo máximo, que pagamos todos por igual, lo mismo da que se trate de una familia humilde con una potencia contratada mínima que de una multinacional. La familia apechuga sin más con el el gasto y el IVA, mientras que las sociedades se desgravan el gasto en electricidad y además recuperan el IVA. Cuestión intocable. Acabamos de oír al ministro de Industria y Energía, con la cartera recién estrenada, que la subida de la luz es positiva, ya que comporta un mayor ingreso de IVA para el Estado y que gracias a eso se pueden evitar más recortes en otros ámbitos. Para llorar, y digo para llorar una vez descartada la posibilidad de liarme a hostias con el nuevo ministro...y con los anteriores, que es lo que de verdad me pide el cuerpo.

Dado el cariz que está tomando el tema de la energía, y además la negativa a implantar masivamente energías renovables, limpias, baratas y de fuente perpetua (sol y viento), cada día se hace más necesario que todos reclamemos que el problema energético, su coste para las familias, se solucione de una vez por todas.

Nuestra legitima reclamación está amparada por la Constitución de forma clara y contundente en su Titulo VIII. Art.128/2:
"Se reconoce la iniciativa pública en la actividad económica. Mediante ley se podrá reservar al sector público recursos o servicios esenciales, especialmente en caso de monopolio y asimismo acordar la intervención de empresas cuando así lo exigiere el interés general"
Está claro, o debería estarlo, sectores vitales, de primera necesidad como la energía no deberían estar en manos privadas, sin embargo al reclamar como reclamo la nacionalización o intervención pura y dura de las eléctricas, muchos, quizás demasiados, me tildarán de rojo extremista o algo parecido. Este es uno de los problemas que tenemos en España, que a los que exigimos que se respeten nuestros derechos se nos clasifica como de muy peligrosos extremistas de la izquierda revolucionaria y a los que no lo hacen de patriotas. A los que palman o enferman a causa del frío ni siquiera se les considera de nada, al fin y al cabo menos pobres en las próximas votaciones.



Benito Sacaluga.