6 de diciembre de 2016

LA COCINA CONSTITUCIONAL




Hoy la cocina está más de moda que nunca. Se cocina todo. Se cocinan las encuestas, los pactos y hasta las leyes. Poco importa el ingrediente base, nuestros cocineros sacaran a la mesa el plato que más convenga a sus intereses y luego nos dirán eso de: "son lentejas".

No es nada nuevo, ya paso allá por 1977. Una reunión de expertos cocineros se aprovisionaron de los derechos de los españoles, limpiaron partes desagradables (para ellos), atentamente vigilados por el Ejército y la Iglesia aliñaron todo con una especie de democracia de supervivencia, y nos pusieron encina de la mesa un plato lleno palabras y vacío de ese contenido que media España llevaba cuarenta años esperando. Para muchos la Constitución del 78 fue un triste plato de lentejas que no tuvimos más remedio que tragarnos. Había hambruna de democracia y abundancia de miedos en cada lado de la mesa.

Hoy los cocineros, como cada año, celebran su creación. Hoy, y desde hace ya setenta y siete años, la República sigue secuestrada, encarcelada en la prisión española de la utopía, mientras que los republicanos tratamos de romper los barrotes con palabras, mientras denunciamos la falta de legitimidad democrática de una Constitución heredera de una dictadura militar. De una dictadura militar que anuló por la fuerza de las armas la Constitución de 1931. Ya sabemos que las constituciones y los militares se llevan mal, para demostrarlo ahí están al menos Leopoldo O'Donnell, Manuel Pavía y Francisco Franco.

Una Constitución, la del 78, que de paso sentó en un trono de opereta al elegido por el dictador. En el trono de un Reino (más de opereta aún que el trono) constituido por el dictador Franco en 1947, con España uniformada de camisa azul y las cárceles a rebosar. Ese es el reino que tenemos hoy, aunque se me enfaden los historiadores, así lo dice en el Art.1º de la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado (1947):
"España, como unidad política, es un Estado católico, social y representativo que, de acuerdo con su tradición, se declara constituido en Reino".
Sabiéndose mortal, (creo), el dictador dispuso que él y solo él sería quién designase a su sucesor. Una posible monarquía de corte tradicional quedó descartada de antemano. De nada le sirvió a Juan de Borbón su entregada colaboración con los sublevados durante la guerra, Franco acababa de cargarse la línea de sucesión borbónica y punto. Franco quería un sucesor al que poder manejar desde la tumba y así se lo hizo saber Carrero Blanco a Juan de Borbón:
"Franco nombrará al monarca del reino cuando lo considere conveniente, podrá ser Rey de España, pero de la España del Movimiento Nacional, católica, anticomunista y antiliberal".
Y así fue. Luego todo fue debidamente cocinado hasta quedar finalmente aprobado en la CE del 78. Una Constitución que restauraba la monarquía en España y que curiosamente fue firmada por un rey que constitucionalmente aún no lo era. Yo me corono. El referendum previo formó parte del tercer acto de la opereta, la verdadera pregunta era: Monarquía o Dictadura. Una vez más la voz de los republicanos españoles fue amordazada y en ello colaboraron todos y cada uno de los que redactaron y cocinaron la Constitución.

Los republicanos lo sabemos, creo que no todos, que el problema para la vuelta de la República no es la Constitución ni sus posibles reformas llevadas a cabo por cocineros conservadores o cobardes, el problema principal es que las leyes franquistas sigan siendo hoy válidas y con ellas el reino y la monarquía que se nos impuso, sin que nadie aborde seriamente el tema.

Hay quién dice que la Constitución de 1931 sigue legítimamente vigente, yo soy uno de ellos. Si hay que reformar alguna Constitución que sea la que se aprobó el nueve de diciembre de 1931 por el Congreso de los Diputados, revisarla, adecuarla a nuestros tiempos, modificar todo aquello que se considere necesario, todo menos los artículos 1, 2 y 3 de su Título Preliminar.



Benito Sacaluga