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10 de julio de 2020

¿QUÉ HACEMOS CON LA MONARQUÍA?




Imagen: Diario de Noticias
Recordar, relacionar, los estragos que los 10 reyes de la Casa de Borbón han llevado a cabo en España (no incluyó al actual) daría para varios libros, no en vano ya han pasado más 320 años desde que Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV de Francia, se sentará en trono español como Felipe V,  sin embargo ahí siguen sus miembros, en lo más alto de nuestras instituciones, ni más ni menos que en la Jefatura del Estado.

A medio camino entre la estupefacción y la impotencia vemos como los tres poderes del Estado: Legislativo, Judicial y Ejecutivo han pasado de largo ante las graves "irregularidades" protagonizadas por Juan Carlos I, otrora rey de España y actualmente rey emérito. Unas escandalosas actuaciones que ya dieron comienzo en Portugal, en 1956, a raíz de la muerte de su hermano Alfonso, cuyas circunstancias fueron ocultadas en España por el franquismo y por Oliveira Salazar en Portugal. Ahí empezó la impunidad de JCI, más tarde amparada por el franquismo y desde 1978 por la Constitución Española.

JCI se vió forzado a abdicar a causa de lo insostenible de sus comportamientos, de la noche a la mañana Ejecutivo, Legislativo y Judicial armaron la operación y un hijo suyo ocupó su puesto. Sangre de su sangre, y educado en los usos y costumbres de la Casa de Borbón.

Unos comportamientos, los de JCI, que toman cuerpo en un amplio abanico de vicios y presuntos delitos, completamente alejados de la ética, la moral, del respeto a los gobernados, presuntamente delictivos algunos y todos ellos reprobables. Unos comportamientos tolerados y ocultados por el poder politico y convenientemente edulcorados por los medios de comunicación en general.

Parece que ahora se vislumbra una razonable esperanza de que JCI tenga que sentarse en el banquillo de un juzgado para responder de parte de sus actos, al menos de aquellos presuntos delitos cometidos desde que dejó de estar sentado en el trono. Del trono al banquillo. No deja de ser curioso que sea la justicia suiza la responsable de que JCI tenga que dar cuentas de su inmensa fortuna. Un país que hasta 2019 figuraba en la lista de paraísos fiscales, una lista negra de la que la Unión Europea borró a Suiza después de que este país aboliera cinco de sus regímenes fiscales que la UE consideraba perjudiciales.

Pero no nos engañemos, el Estado español, junto con la omnipresente oligarquía y la práctica totalidad de los partidos politicos con representación parlamentaria, harán lo imposible para proteger a la monarquía y ello conlleva la protección de JCI. Discusiones infantiles sobre su inviolabilidad, prescripciones, estrategias de todo tipo..., serán utilizadas para que todo lo que rodea al borbón quede reducido  a algo anecdótico, algo a lo que, desgraciadamente, ya estamos acostumbrados cuando se trata de encausar a los poderosos.

Así las cosas, Felipe VI seguirá sentado en el trono, por muy inestable que este parezca, ya sabemos que los borbones solo renuncian a su reinado si es a la fuerza.  Una vez más el nudo que ató Franco seguirá uniéndonos al franquismo y a sus leyes. Seguiremos así, sometidos a una monarquía de inspiración franquista, y lo seguiremos estando, aún en el caso de que el actual rey siguiese los pasos de su padre. Recordemos: El problema no es uno u otro rey, el problema es la monarquía.

Sí, la monarquía seguirá ahí, salvo que el pueblo español decida lo contrario, pero no caigamos en la trampa de un referendum. La República es libertad plena y la libertad no se debe someter a discusión, no puede depender de una votación un derecho tan primario. Nuestra Constitución otorga al pueblo la soberanía nacional, una soberanía que ejerce a través de sus representantes libremente elegidos, pero ¿como plantear la abolición de la monarquía si ni en Congreso ni Senado hay representación de los ciudadanos republicanos?... es sencillamente imposible.

Bajo mi punto de vista, la solución pasa por la formación de grandes partidos republicanos, capaces de conseguir que una mayoría del pueblo español llene las urnas con votos republicanos, ese y no otro ha de ser el "referéndum". Una solución que solo será posible si se pone el máximo empeño en hacer comprender a la ciudadanía lo que significa y contiene una República. En este punto he de recordar a Fernando Valera, Presidente del Consejo de Ministros de la República Española en el exilio, que nos decía en 1930:
"La mejor manera de hacer República consiste en crear ambiente y conciencia republicana; en formar un pueblo donde todos, en el modo relativo que la condición humana lo tolera, sepan cumplir con sus deberes y exigir el disfrute de sus derechos"
Lo que Valera aconsejaba, con España aún sometida al reinado de Alfonso XIII, por unas u otras razones se olvidó en 1939, y aún hoy en 2020, transcurridos más de 80 años, sigue sin llevarse a la práctica. Ver el panorama politico español y la insoportable ausencia de partidos politicos republicanos resulta desolador. Algo se está haciendo mal... o nada se está haciendo más que intentar que formaciones políticas alejadas del republicanismo, o en algunos casos equidistantes con la monarquía, se sumen a una lucha que no es suya, algo que no harán nunca.

Hagamos caso a Fernando Valera y la monarquía caerá, despreciemos su teoría y seguiremos igual que desde hace 40 años...o peor.


Salud y República



Benito Sacaluga









14 de febrero de 2020

MÁS DE TRES SIGLOS COMO SÚBDITOS DE LOS BORBONES



Felipe V
Parece mentira, pero los españoles, a fecha de hoy, llevamos más de 300 años siendo súbditos de reyes de la Casa de Borbón, concretamente desde 1700 hasta hoy, un periodo, que descontando los escasos ocho años que duró la II República y los escasos dos que duró la I, cuantifica en 310 los años que los borbones han reinado en España, con tres restauraciones incluidas. Como han sido 10 los borbones que han reinado y tenemos a otro en el trono, nos sale a una media de aproximadamente 28 años de reinado por cada uno, unas siete legislaturas de las de ahora, según esto al actual rey le quedan unos 22 años de estar cargando sobre sus hombros la pesada corona española, a no ser que los españoles nos pongamos serios y decidamos, democráticamente como en 1931, que queremos dejar de ser súbditos para ser ciudadanos.

La cosa empezó en 1700 con Felipe V, nacido en Francia, hijo de Luis, Gran Delfín de Francia y sobrino-nieto de Carlos II (Casa de Austria), a su vez hijo de Felipe IV.  Es lo que tienen las Casas reales, que están llenas de hijos/as, sobrinos/as, nietos y nietas todos dispuestos a sentarse en un trono, de donde sea este les da más o menos igual. Ya sabéis, a rey muerto, rey puesto y a seguir con el chollo. El bueno de Felipe V llegó a España, fue coronado y nos metió en la Guerra de Sucesión (12 años de nada),  en medio de dicha guerra hasta tuvo tiempo para acabar de un plumazo con las leyes propias de los reinos de Valencia, Aragón y Mallorca y con las del principado de Cataluña. Como buen francés quiso que los españoles nos mirásemos en los usos y costumbres de su patria natal, que nos afrancesasemos, él para dar ejemplo se construyó un palacio en tierras segovianas inspirado en el Palacio de Versalles. Cuando se cansó de hacer de rey, abdicó en su hijo Luis I, de 16 años de edad, pero el pobre Luis murió a los pocos meses de ser coronado y Felipe V tuvo que volver a soportar la pesada carga de su corona.

Sigo con los 9 borbones restantes, eso sí de forma más escueta, la verdad es que escribir sobre ellos me produce una cierta sensación desagradable.


  • Fernando VI, llega al trono en 1746 y permanece sentado en el hasta 1759. Fue el responsable de la Gran Redada contra los gitanos de 1749, que sistemáticamente persiguió a los miembros de esta etnia, separando a los hombres de sus mujeres e hijos y destinando a unos al trabajo forzado y a otros a la prisión.


  • Carlos III (1759-1788).  Fue odiado por el pueblo por varios motivos, entre ellos  por la enorme carestía del pan y de los productos más básicos.


  • Carlos IV, en el trono desde 1788 y hasta 1808. Él reinaba y Godoy gobernaba. Tras el Motín de Aranjuez es obligado a abdicar en Fernando VII. Napoleón interviene y ordena que Fernando renuncie al trono y este quede nuevamente en manos de Carlos IV, el día antes Carlos IV había traicionado a la Casa de Borbón prometiendo a Napoleón la concesión de los derechos de la corona española, derechos que Napoleón transmitirá a su hermano José Bonaparte.


  • Fernando VII (1808-1833), conocido como el rey felón. Preso en Francia, en un palacio, durante la Guerra de la Independencia. Regresa a España y su primera medida fue derogar la Constitución de 1812 (La Pepa). Un absolutista total. En busca de un sucesor a la corona se casa con su sobrina, unión de la que nacen Isabel y Luisa Fernanda. Desplaza a su hermano Carlos María Isidro de la línea sucesoria en favor de Isabel, he aquí el germen de las guerras carlistas.


  • Isabel II (1833-1868) Representa el desmadre total en todos los sentidos. Nacen los caciques rurales. La Revolución de 1868 derroca a la reina. Ocupa el trono el italiano Amadeo de Saboya. Tras dos años y medio Amadeo "renuncia"al trono, se proclama la I República española 


  • Alfonso XII (1874-1885). Llega a España tras el golpe de estado del general Martinez Campos. Pasó por el trono sin pena ni gloria. Los asuntos de estado se los reparten Canovas y Sagasta.


  • Alfonso XIII (1886-1931) Regencia de María Cristina. Desastre del 98, pérdida de las últimas posesiones de ultramar. Derrota en la guerra del Rif. Apoya y consiente la dictadura de Primo de Rivera. Con la llegada de la II República (1931) huye de España.

  • Juan Carlos I (1975-2014). Nace en Roma. Viene a España para dar cumplimiento a los planes sucesorios del dictador Franco, quién lo educa bajo los principios fundamentales del franquismo y nombra su sucesor. Muerto el dictador es proclamado rey. Al poco tiempo (1976), firma la traición al pueblo saharaui y permite su ocupación por Marruecos. Aún no está clara su implicación o no en el intento de golpe de estado de 1981. Se dedica a vivir bien. Se le atribuye una inmensa fortuna. Escandalo tras escandalo es obligado a abdicar en 2014. Sigue viviendo bien, muy bien.

  • Felipe VI, en el trono desde 2014 tras la abdicación de su padre. Hasta la fecha de hoy no se le conoce ningún mérito. Franco le acariciaba. Es alto y vive bien.

Si la cosa no se arregla, y los españoles seguimos inmersos en esta forma de estado, más o menos ya sabemos lo que nos espera,..."de tales palos, tales astillas", dice el refrán, un refrán que en el caso de los borbones se cumple a rajatabla.

Salud y República



Benito Sacaluga





Publicación consultada: La turbulenta historia de los borbones en España. El Independiente (06/01/2018)














2 de junio de 2019

JUAN CARLOS SE JUBILA





Imagen: lloyy.blogspot.com
En pleno debate sobre el futuro de las pensiones, el rey emérito nos ha dado a todos un magistral ejemplo para conseguir la sostenibilidad del sistema: se jubila voluntariamente a los 81 años. Ya ves, yo pensaba que esperaría un par de años más para que su edad al jubilarse coincidiese con la de su mentor, con la de Franco, al fin y al cabo el dictador fué como un padre para él, proporcionandole una corona y un trono, regalos que siempre vinieron bien a los borbones desde que, allá por 1700, al muy francés Felipe de Borbón, Duque de Anjou, le incrustaran en la testa la corona de España.

Nuestro Juan Carlos fue escrupulosamente educado en los Principios Fundamentales del Movimiento Nacional, o sea del franquismo.  Como alumno aventajado aceptó de muy buen grado todo lo que la dictadura le exigía, incluso que para reinar se obligase a su padre a una abdicación vergonzante. Por España, todo por España. 

Al ser proclamado príncipe heredero del trono de España, Juan Carlos fue llevado a las Cortes, y en presencia de Franco, los suyos y los Evangelios, juró lealtad a Franco y fidelidad a los Principios del Movimiento Nacional y demás Leyes Fundamentales del Reino. Por la Corona, todo por la Corona.

La verdad es que a Juan Carlos le decepcionó un poco haber jurado tanta lealtad y amor por el dictador, cuando lo hizo pensaba que su futuro sería otro, pero bueno, una corona es una corona. Así se lo confesó a Sabino Fernández Campo (exjefe de la Casa del Rey) cuando gobernaba Adolfo Suárez: “Yo aquí ni toco bola ni pinto nada. Y la verdad es que yo creía que iba a ser como Franco, pero en Rey.”  (1)

Siendo príncipe pasó su vida de la mejor manera posible. Hasta se casó con la hija primogénita de un rey griego, una prima tercera suya. Una prima que renunció a sus derechos al trono griego e incluso a su religión, ya que siendo fervorosa practicante de la Ortodoxia griega hubo de convertirse al Catolicismo por imposición del dictador español. Por amor, todo por amor.

Cuando el dictador se fue al Valle, Juan Carlos se fue a las Cortes y todos los franquistas, con sus chaquetas blancas y sus camisas azules, le aclamaron como rey de España. Por el Franquismo, todo por el Franquismo.

Luego vino eso llamado Transición, con intento de golpe de estado incluido. Un golpe de estado que Juan Carlos aprovechó para erigirse como salvador de la democracia. Un golpe de estado confuso en cuanto a sus promotores, y cuya verdad quedará tan enterrada como la que atañe al asesinato de Kennedy. Quizás con un buen resultado Juan Carlos habría conseguido "tocar bola, pintar mucho y ser como Franco", que es lo que de verdad ansiaba, corona incluida.

Desde entonces buena vida, de la mejor, distracciones sin fin, lujos, riqueza, cortesanas de medio pelo, cacerías, regatas, sky, amistades peligrosas... y un discurso al año. Toda una vida dedicada a España, y al trabajo bien hecho.

Ahora dice que ya no puede más, que quiere vivir su vida, lo poco que le queda de ella, dedicado a hacer lo que le de la gana y sin tener que dar explicaciones a nadie.

Cualquier día nos enteraremos de que ha fallecido, será entonces el momento de sus alabanzas, de las que le brindarán los monárquicos y los "juancarlistas", junto con todos los politicos a los que se les de un minuto de cámara... El ABC triplicará su tirada. España se pondrá de luto, los republicanos españoles no.


Benito Sacaluga





(1) La gran desmemoria. Pilar Urbano.




25 de noviembre de 2018

GIBRALTAR Y LOS BORBONES



Retrato de Felipe V, tal y como se conserva
en el Museo Municipal de Xàtiva.
El tema de Gibraltar ha vuelto. Ya en los mítines del PP y C's se pueden ver pancartas con eso de "Gibraltar español". Se acusa a Pedro Sánchez de haber perdido una oportunidad única para lograr la recuperación de la roca. Que cosas. Lo que no veo, ni oigo, ni leo son las razones que explican que Gibraltar sea un territorio británico y porque lo sigue siendo. Es largo de contar, pero así en resumen y sin anestesia, la pérdida de Gibraltar se la debemos a los borbones, concretamente a Felipe V, un rey de España adicto al sexo, obseso por la sangre, paranoico, enemigo de la higiene...( Os recomiendo la lectura del libro de Mari Pau Dominguez "La corona maldita"), no tiene desperdicio. 

La cosa empezó con la ausencia de descendencia de Carlos II de España, el Hechizado, último de los Habsburgo, esta circunstancia dio lugar a la Guerra de Sucesión, entre borbónicos y austracistas, con el francés Felipe V ya sentado en el trono de España por obra y gracia de su abuelo, el también francés Luis XIV. Una guerra que regó de muertos toda la geografía española y parte del extranjero. Así las cosas Inglaterra, los Países Bajos y los alemanes empezaron a tentarse las ropas y la Guerra de Sucesión digamos que se internacionalizó y nació la Gran Alianza Antiborbónica, formada por Austria, Inglaterra, las Provincias Unidas de los Países Bajos, Prusia y la mayoría de los estados alemanes, junto con Portugal y el Ducado de Saboya que, sin pensárselo mucho, declararon la guerra a Luis XIV de Francia y a Felipe V de España, una guerra que entre pitos y flautas duraría casi 14 años, casi nada.

Como tanto tiempo en guerra no era bueno para nadie y las cosas pintaban mal para España y para los franceses, se decidió poner fin a la misma en los despachos, dando lugar a lo que se conoce como el Tratado de Utrecht. De lo acordado salieron ganadores los ingleses, que, entre otras muchas cosas, no solo se quedaron a perpetuidad con Gibraltar, su puerto, defensas y fortalezas, también con Menorca, ya invadida por ellos durante la guerra y que conservaron durante 100 años. Al mismo tiempo España perdió sus posesiones en Italia y los Países Bajos. Los franceses por su parte consiguieron su objetivo, colocar definitivamente a uno de los suyos en el trono de España, a Felipe V, y España, pues eso, ganó a Felipe V, y con él la entronización de la familia borbónica, esa que hoy sigue reinando en España por obra y gracia de un militar gallego por todos conocido, eso sí, después de más guerra y más sangre. 

Poco tiempo tardó Felipe V en borrar del mapa por vía militar a la Corona de Aragón, aboliendo además sus instituciones y leyes propias, e instaurando en España un Estado absolutista y centralista inspirado en la monarquía absoluta de su querido abuelo Luis XIV de Francia. Seguro que Casado y Rivera tienen como referente a Felipe V.

No se olvidó el borbón del Reino de Valencia. Saqueó Xâtiva por no haberse unido a él en la Guerra, masacró a la población y luego incendió la ciudad, disolvió su Parlamento, sus leyes, su moneda, el uso oficial de su lengua y hasta el nombre de Xàtiva, a la que, sin cortarse un pelo de la peluca, denominó  “Colonia nueva de San Felipe”, y así siguió hasta 1811, año en el que las Cortes de Cádiz, en plena invasión napoleónica, restituyeron su denominación original. Todo un crack el francés.

En resumen, que después de todo este lío de guerras, sangre, intrigas, intereses, hijos, sobrinos, nietos y negociaciones palaciegas al más alto nivel, lo cierto es que cambiamos Gibraltar por un borbón. Ya te digo. Eso si que es negociar con los ingleses y no lo que ha hecho Pedro Sánchez. 

Salud y República.


Benito Sacaluga.





9 de enero de 2016

LA INFANTA ADOCTRINADA






El próximo lunes, pasado mañana, se inicia el juicio por el Caso Noos, proceso en el que la Infanta Cristina de Borbón deberá sentarse en el banquillo de los acusados. Los abogados de la ilustre dama afirman que están convencidos de que la hermana del Rey será exculpada por la jurisprudencia que estableció el Tribunal Supremo en la llamada doctrina Botín, que en opinión de la defensa equivale a "la ley".

Si esta posibilidad de exculpación existe es gracias a la Fiscalia y a la Abogacía del Estado, ya que ambos han declinado acusar a la Infanta de delito alguno. Según esto y los planes de la defensa puede que Cristina de Borbón solo pase algunas horas en el banquillo. Una vez reconocida por la Audiencia de Palma la aplicación a la Infanta de la doctrina Botín ésta podrá quedar en libertad y todos los delitos que se le imputan serán enviados a la papelera, no porque no sea culpable de los mismos, culpabilidad o inocencia que debería ser decidida por la justicia una vez celebrado el juicio, sino porque la triquiñuela legal que sirvió para que el banquero Botín eludiese la acción de la justicia también la va a salvar a ella. Una doctrina que nos va a impedir a todos comprobar que una Infanta de España, acusada de cooperadora en graves delitos contra la hacienda pública, es ante la ley igual que el resto de los mortales. La decisión de la Audiencia de Palma a buen seguro estará ajustada a derecho, pero si la Infanta es exculpada antes de celebrarse el juicio la ya de por si falta de confianza de los españoles en la justicia y en las instituciones aumentará de forma clara y contundente.

Lo que de momento está claro como el agua es que tanto la Fiscalia como la Abogacía del Estado, ambos dependientes del gobierno del Partido Popular, han tratado desde el primer momento de "salvar" a la Infanta y parecer ser que lo van a conseguir, ya lo profetizó Mariano Rajoy. De celebrarse el juicio con la Infanta imputada, y dado el cargo que ocupaba en la administración de las sociedades implicadas en el fraude fiscal, a buen seguro sería declarada culpable, en todo o en parte, de los delitos que se le imputan, tal y como le sucedería a todo hijo de vecino. Del mismo modo su inocencia solo podrá ser demostrada si la justicia así lo estima una vez que haya sido juzgada. En definitivas cuentas todo apunta a que nos vamos a quedar con las ganas de saber si la hermana del Rey es o no es una delincuente.

En un asunto del tal trascendencia, ni más ni menos que el cumplimiento estricto del Art.14 de la Constitución más la vinculación con la Casa Real, bueno sería que el Rey valorase el efecto negativo que para la monarquía representaría el blindaje de su hermana, pero no lo hará y ya nunca jamás podrá repetir eso de que los españoles somos todos iguales ante la Ley sin que el pueblo se ria en sus narices. No podemos olvidar que la Infanta no ha renunciado a sus derechos dinásticos pese a que su hermano así parece haberselo solicitado para al menos edulcorar el asunto judicial. La hermana del rey Felipe VI tiene blindado su turno sucesorio por la Constitución, y para que ella y los cuatro hijos que tiene con Iñaki Urdangarin pierdan esta posición dinástica solo hay dos caminos: su renuncia voluntaria o la reforma de la ley fundamental, que exige disolver las Cortes y un referéndum.

Cosas de las monarquías y de una Constitución que no se cumple.



Benito Sacaluga









6 de octubre de 2014

FELIPE VI Y LA HISTORIA COMÚN



Felipe V y su modesta familia en el salón
de cualquier casa española de la época.
Desde que Felipe VI fue colocado en el Palacio de la Zarzuela, investido de todos los honores y dotado de todos los privilegios que ya disfrutaba su padre, han sido varias las ocasiones en las que se ha visto en la obligación de pronunciar discursos, hablando en plata "de darnos la charla". En poco o nada se diferencian unos discursos de otros. Los que se los redactan deberían esforzarse un poco más, bastante más, y los asesores de imagen del nuevo monarca, con su esposa  a la cabeza, deberían obligarlo a tomar clases de dicción, expresión corporal y esas otras cosas tan necesarias para que el que no dice nada parezca que dice algo. Guardemos el discurso recién pronunciado en la entrega de los Premios Cavia de Periodismo que deciden en el ABC y comparemoslo con el que se presume que pronunciará en la entrega de los Premios Príncipe de Asturias, o para hablar con más propiedad de los Premios Princesa de Asturias, y comprobaremos como son un calco tuneado.  Unos discursos y un comportamiento que me recuerdan a los de José Bonaparte, rey de España por abdicación de los borbones (1) y el dedo imperial de Napoleón, centrado en hacerse simpático en Madrid para ganarse el favor popular, que daba fiestas, sonreía a todas horas y por cualquier motivo soltaba largos discursos que hacían contener la risa a los que, obligados, le escuchaban. Unos comportamientos y unos discursos de José Bonaparte que los españoles cortaron de raíz venciendo y humillando en Bailen a las tropas de su hermano Napoleón, poco después de que miles de madrileños dieran su vida luchando en las calles contra los invasores en un inolvidable dos de mayo y días posteriores.

Siguiendo con esto de las similitudes, no está de más recordar la soledad de las calles madrileñas al paso de Felipe VI camino del Palacio de las Cortes el día de su ascenso al trono. Las calles estaban vacías, tan vacías o más que cuando José Bonaparte llegó a Madrid, seguido de una escolta que más que honrarle, le defiende, y observa que las calles están vacías, que nadie sale a aclamarlo, que a pesar de que los franceses y afrancesados han dado orden de poner colgaduras en los balcones apenas se pueden ver algunas. Hasta tal punto fue el desprecio de los madrileños que el "rey" le comentó a uno de sus escoltas: "Madrid es una ciudad sin gente".

Resulta estremecedora la semejanza que existe en el tono y la entonación de las charlas de Felipe VI con las que nos daría cualquier cura desde su púlpito. El mismo tono de voz y la misma hipócrita actuación. Para que el parecido sea perfecto solo le falta que al terminar su perorata dijera eso de : "Ir en paz".

Oír en boca de Felipe VI la palabra "libertad" cuando desde que nació fue un súbdito de Franco, criado y educado "a la orden de..." resulta cuando menos hilarante. Él renunció a defender la verdadera libertad a cambio de una vida regalada y un principado y ratificó su renuncia cuando un día desfiló en el Rolls Royce de un dictador camino de su particular Notre Dame, un camino hacia la corona, pero al contrario que Napoleón, que lo hizo para coronarse emperador y así distanciarse del antiguo régimen y romper con la herencia de la Casa de Borbón, Felipe lo hizo para preservar el régimen que Franco diseñó y para perpetuar esa extranjera Casa de Borbón en una España que rezuma republicanismo. Felipe VI no puede hablar de Libertad, el concepto que tiene de ella es el mismo que el de aquel nefasto gallego que se empeñó en que España fuera "Una, Grande y Libre" aunque los españoles fuéramos muchos y reprimidos al límite. De joven nunca conoció otro significado de la palabra libertad, solo la versión de la dictadura, y ahora su reinado se basa en que los españoles carezcamos de ella para decidir que clase de Estado queremos y quien ha de ser el Jefe del Estado.

Bien sabemos todos que Felipe VI no tiene ni voz ni voto en los asuntos de gobierno, se le aplica y él acepta el humillante precepto del "come y calla". Si respeta la ausencia de voto bien podría hacer lo mismo con la voz y así ahorrarnos la vergüenza de escucharle, a la vez que el importe de su smoking y los trajes de alta costura de su esposa. Pero no lo hará, y no porque no lo esté deseando, sino por que no le dejan, él preferiría reinar como lo hizo su padre, que solo en Navidad nos daba la charla para decirnos que lo que debemos hacer es (sic) "tirar del carro". Ya sabemos todos que la corona "no puede hacer nada" para aliviar la situación laboral de una española de a pié con sus pies, los dos, en el paro (palabras de la Reina), pues claro que no, ni por ella ni por nadie que no sean sus cortesanos, nobleza obliga, aunque como en el caso de los borbones sea una nobleza de ese genero chico, de zarzuela, ni siquiera de opereta francesa como les correspondería. Yo me pregunto en que estaba pensando Felipe VI cuando en su último discurso dijo eso de (sic):   Apoyarnos y enriquecernos mutuamente desde una historia común, y no lo digo por lo del enriquecimiento, que bien podría pero hoy me abstengo, me quiero referir hoy a eso de la "historia común", palabras que pronunciadas por "Su Majestad" son un insulto a cientos de miles de españoles que dieron su vida por la República mientras su abuelo pedía a Franco un puesto en la Armada sublevada, puesto que el dictador le negó entre risas y exabruptos. De historia común nada. En todo caso historia compartida desde la coetaneidad de los hechos.

Los españoles de a pié no hemos pasado la infancia en palacios, no hemos recibido las caricias del dictador, ni a ninguno nos han regalado nada, a Felipe VI le han regalado un trono. De historia común nada. Los españoles de a pie no hemos derogado una Constitución como hizo su antepasado Fernando VII. Tampoco hemos dilapidado el dinero de nadie en orgías palaciegas como su nada lejana antepasada Isabel II, tampoco hemos cazado elefantes como su padre, tampoco hemos hecho "viajes privados" con una princesa que no lo es, como su padre, y tampoco hemos sido agasajados en palacios árabes, tampoco hemos..... De historia común nada. Tampoco las diferentes regiones que hoy conforman esta España tienen una historia común, si a eso se quería referir el rey en su discurso demuestra un perfecto desconocimiento de la historia de España, aparte de un gran desprecio por la individualidades de sus antiguos reinos, de sus regiones y de su atribulada historia. De historia común nada. Si acaso juntos, pero nunca revueltos, y si juntos nunca a la fuerza.

Algo si ha sido común a todos los españoles y ha sido el tener que soportar a la Casa de Borbón desde hace exactamente 314 años, que no es poco tiempo, ni pocas las desgracias que nos han supuesto sus reinados, intrigas, guerras de sucesión, directorios militares, protección a ultranza del catolicismo, pérdida total de las colonias y vergonzosos comportamientos personales. Sí, 314 años desde que Philippe de Bourbon, duque de Anjou, nacido en Versalles como segundo de los hijos de Luis, Gran Delfín de Francia y de María Ana de Baviera, fuese coronado como Felipe V rey de España.

Ya acabo, solo por si alguien le cuenta a Felipe VI algo de lo anterior, rogarle que me hiciera el favor de decirle a Su Majestad que una cosa es "su" historia de España y otra historia la de los españoles, y que la España de hoy no es una unidad formada por sus pueblos, es un conjunto de ellos, como debe ser y solo ser hasta que libremente alguno de ellos quiera bajarse del tren.

Benito Sacaluga.



(1) En marzo de 1808 tuvo lugar la revuelta de la servidumbre y los oficiales en la residencia del rey en Aranjuez. Forzado por su guardia personal, Carlos IV tuvo que ceder la corona a su hijo, Fernando VII, quien ya había intentado dar un golpe similar cinco años antes en El Escorial. En mayo siguiente, tras la ocupación de España por las tropas del Emperador de todas las Francias, Napoleón Bonaparte, Carlos IV y Fernando VII fueron enviados a la localidad francesa de Bayona. Allí el emperador obligó a Fernando VII a devolver la corona a su padre quien a su vez fue obligado a abdicar en Napoleón. Dos días después el emperador se la cedía a su hermano, José, quien sería rey de España hasta 1814.

La abdicación es una costumbre digamos que bastante habitual en la Casa de Borbón:


  • El primer Borbón, Felipe V, cedió la corona a su hijo Luis I de España hasta que una viruela se lo llevase por delante y Felipe V se vió obligado a sentarse nuevamente en el trono de España.
  • Carlos IV abdicó en su hijo Fernando VII.
  • Fernando VII es obligado por Napoleón a abdicar en su padre, Carlos IV, y este en Napoleón, quien a su vez cede la corona a José Bonaparte.
  • Isabel II abdicó en su hijo, Alfonso XII.
  • Alfonso XIII "abdica" (es expulsado de España), la Junta Republicana asume la Jefatura del Estado.
  • Juan de Borbón abdica en su hijo Juan Carlos I, obligado por el dictador Franco.
  • Juan Carlos abdica, obligado, en su hijo, Felipe VI.
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