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27 de abril de 2017

DE FELIPES, MARIANOS Y REPÚBLICAS



Lo que está sucediendo en el seno del Partido Popular y por extensión en el Gobierno es de tal gravedad que, más que una realidad constatada, nos llega a parecer una pesadilla, un mal sueño imposible. El robo sistemático de los recursos del Estado es un mal que venimos padeciendo al menos desde 1939, pero hoy en día y gracias a algunos medios de información dicho robo es del dominio público y se ha convertido en algo inherente a nuestra propia existencia, forma parte de nuestro día a día y a buen seguro que hace tiempo dejó de escandalizarnos para convertirse en un mal crónico contra el que no parece existir curación, máxime cuando hasta el poder judicial está gravemente en entredicho. Con una situación como la descrita, con las instituciones y empresas públicas degradadas y un sistema de estado que comporta la existencia de una jefatura del mismo sin poder de acción, la posición real de los españoles es de indefensión total ante la corrupción del partido gobernante y consecuentemente de pérdida de derechos y libertades.

Mañana nos levantaremos con un nuevo escándalo y el presidente del Gobierno volverá a mirar para otro lado mientras maniobrará en la oscuridad para evitar las consecuencias, así llevamos desde que tomó posesión de su cargo. Mientras tanto desde la jefatura del Estado solo obtendremos un silencio inaceptable. Una jefatura del Estado cuyo entorno también está salpicado por casos de corrupción y sospechas, tal y como lo ha estado desde que el francés Felipe V se sentó en el trono de España hace más de trescientos años por imposición del rey francés Luis XIV, convirtiéndose así en el primer borbón en hacerlo, hoy un descendiente suyo sigue ocupando el cargo de Jefe del Estado en España, un cargo que como todos sabemos es meramente protocolario, un costoso jarrón vacío de contenido, rodeado de no pocas amistades peligrosas.

Si estamos así es, entre otras cosas, por la sencilla razón de que nuestro sistema de estado es ineficaz para defender a los ciudadanos al mismo tiempo que protege a aquellos que esquilman al pueblo. Bastaría con abolir la monarquía para que la situación experimentase un giro de 180 grados. Si España fuese una República hace mucho tiempo que Mariano Rajoy no sería presidente del Gobierno. El Artículo 75 de la Constitución Española de 1931 sería la herramienta ideal para descabalgar a Mariano Rajoy dada su postura ante la corrupción de los suyos y las nefastas consecuencias de su comportamiento.
Artículo 75. (CE-1931)
El Presidente de la República nombrará y separará libremente al Presidente del Gobierno, y, a propuesta de éste, a los Ministros. Habrá de separarlos necesariamente en el caso de que las Cortes les negaren de modo explícito su confianza. 
Ningún presidente de la República, a la vista de lo que ha sucedido y sucede, dudaría en destituir a Mariano Rajoy, ninguno, aunque formase parte de su partido. En la monarquía que padecemos lo anterior no es posible. Ante esta impotencia sumemos la colaboración del PSOE y C's para que, en plena oleada de casos de corrupción, Rajoy fuese investido presidente del Gobierno, incluso hoy mismo se niegan a apoyar la moción de censura propuesta por la izquierda parlamentaria,

El Parlamento no actúa, el Poder Judicial carece de medios y del apoyo incondicional de la Fiscalía, lo que viene a convertir España en un lugar donde todo se decide por el Poder Ejecutivo. Más o menos una especie de democracia orgánica donde los actores son exclusivamente los corruptos y los poderes económicos, una situación en la que el punto de no retorno está cada día más cerca. Tomar medidas urgentes es vital.


Benito Sacaluga.



28 de enero de 2016

LAS REUNIONES DEL MONARCA





En pleno siglo XXI causa estupor y asombro tener que asistir a meras componendas protocolarias cuyo único fin es tratar de justificar la existencia de una monarquía en España.

Han transcurrido casi 40 días desde que se celebraron las elecciones generales y los españoles aún no sabemos que partido o partidos politicos van a asumir la funciones de gobierno. Cuarenta días desperdiciados a la espera de que un rey sin experiencia, ni atribuciones para la toma de decisiones, se reúna en su palacio con aquellos líderes políticos que han tenido a bien acudir a la real cita. Un rey al que el partido más votado en las últimas elecciones ha dejado a la altura del betún al negarse a aceptar la proposición real de someterse a un debate de investidura en el Congreso, en una institución donde si hay atribuciones para la toma de decisiones, y que en definitiva es quien tiene la última palabra para elegir a un presidente del Gobierno. Rajoy no está hecho para el debate politico, Rajoy solo debate si tiene las garantías de que va a salir victorioso.

Pretendemos vivir en una democracia parlamentaria, y sin embargo andamos mareando la perdiz en las alfombras de los palacios mientras que los problemas del pueblo llano quedan aparcados en la cuneta de lo secundario.

El rey no elige a nadie, solo propone y además debe contar con la aquiescencia del propuesto. El rey reina pero no gobierna, dicen. Yo me pregunto ¿que significa reinar en las condiciones en que lo hace Felipe VI?. Todo queda limitado a leer los discursos que le escriben, entregar premios, presidir desfiles militares y si acaso inaugurar algo. Ni siquiera es garante de la unidad de España como muchos proclaman, Cataluña es un buen ejemplo de ello.

Estamos ahora ante una nueva ronda de contactos, nuevas reuniones en La Zarzuela para reescribir un sainete aburrido. Una duda me asalta: ¿Será capaz Felipe VI de volver a proponer a Mariano Rajoy para la presidencia del Gobierno después de lo sucedido en la Comunidad Valenciana?

Al final de todo este culebrón entorno a la investidura de un presidente para el Gobierno, será el presidente de las Cortes quien decida en el caso de que ningún líder politico acepte someterse a un debate de investidura. A López le quedan solo dos opciones razonables, una y ante la ausencia de candidatos, declarar negativa la investidura y poner en marcha el reloj para que dentro de dos meses se convoquen nuevas elecciones, otra convocar las elecciones ya. En ninguna de las dos opciones intervendrá el rey, ni por activa ni por pasiva.

En cualquier caso el rey seguirá disfrutando de sus privilegios sin haber aportado nada, solo habrá servido de fachada para una democracia imperfecta. Él no está sujeto a elecciones, lo haga bien, lo haga mal o no haga absolutamente nada. Seguirá siendo el placebo para los nostálgicos de una forma de Estado que nunca debió volver a instaurarse en nuestro país, y menos aún para cumplir los deseos de un dictador sanguinario.



Benito Sacaluga


5 de junio de 2015

FELIPE VI DE FRANCIA




Queridos franceses, ilustre alcaldesa de París, os podéis quedar con Felipe VI. Si tanta es la admiración que sentís por su figura, os lo regalamos junto con toda su familia, sin coste alguno y a portes pagados. Ahora que en Francia la derecha política se ha refundado bajo el nombre de "Los Republicanos", no os vendrá mal tener un muy francés borbón en la recamara de las incongruencias. Además si la cosa se pone mal ya tendríais un rostro para la reconciliación. Para que se porte bien solo tenéis que llevarle a visitar la antigua Plaza de la Revolución, allí donde en 1793 al grito de !Viva la República¡ pasasteis por la guillotina a Luis XVI, rey de Francia y de la muy española Navarra. Ya se que no vais a aceptar el regalo, por tanto, por favor, al menos no queráis para los demás lo que no queréis para vosotros.

El rechazo sin paliativos a que Felipe VI profane la memoria republicana española en una plaza de Paris no significa que los españoles seamos incapaces de perdonar y hasta de olvidar, cosas bien diferentes por cierto. La demostración de esa capacidad se hace evidente por el hecho de que hemos pasado la página, pero no olvidado, del abandono que la República Francesa tuvo para con la República Española en su lucha contra el fascismo que, cosas del destino, luego invadió Francia. No solo lo perdonamos en su día sino que, además, os ayudamos a vencerlo, sin recibir nada a cambio, quizá la vaga ilusión de que una Europa libre ayudaría a España en su lucha contra la dictadura franquista, esa dictadura que reinstauró la monarquía en nuestro país y a cuyo impuesto representante hoy alabáis y rendís honores. Una cosa es "pasar página" y otra bien diferente arrancarlas del libro de la historia.

Lamento y mucho que el homenaje ofrecido a los republicanos españoles de la 9.ª Compañía de la 2.ª División Blindada de la Francia Libre, haya contando con la presencia de un rey heredero del elegido e impuesto por el dictador Franco, el mismo que suministraba a los nazis el wolframio que blindada esos carros de combate que asolaban Francia. Es una pena que tan merecido homenaje no haya contado con la presencia de los republicanos españoles, tal y como lo fue el magnifico y no menos merecido homenaje que en 2013, en la Plaza del Ayuntamiento de París, el presidente François Hollande ofreció a los exiliados españoles de la resistencia con una bandera republicana ondeando frente a él, allí si había republicanos españoles y se escucharon !vivas¡ a la Tercera, en esta ocasión la presencia de Felipe VI, lógicamente impidió la presencia republicana en aras de una dignidad nunca perdida.

No obstante el gran homenaje de 2013, las asociaciones de republicanos y de sus descendientes consideraron que ese gesto no era suficiente, y defendieron que el Estado francés debía dar un paso más, según pusieron de manifiesto al terminar el acto:
"Seguimos reclamando que el presidente, François Hollande, reconozca oficialmente lo que hicieron los españoles en la resistencia", dijo Eloi Martínez, presidente de la Asociación para el recuerdo del exilio español en Francia (ASEREF). Los miembros de esta asociación, integrada por diez agrupaciones, esperan también que las autoridades francesas admitan la responsablidad en el maltrato a los republicanos en 1939, cuando fueron recibidos no como amigos sino como enemigos, y enviados a campos de concentración".
En esas fechas (2013) el Ayuntamiento de Paris estaba gobernado por  Bertrand Delanoë, y una de las candidatas a sucederle era la socialista Anne Hidalgo, nieta e hija de republicanos exiliados, que llegó a Francia con dos años de edad, circunstancia que hacia albergar ilusiones si Anne Hidalgo ocupaba finalmente la Alcaldía. El presidente de la  "Asociación para el recuerdo del exilio español en Francia", llegó a manifestar lo siguiente sobre Hidalgo:
"Es muy sensible a esta causa y nos ha dicho que en caso de que gane está dispuesta a trabajar en ello. Eso para nosotros es muy importante. No es su preocupación más inmediata, y lo comprendo, pero vamos avanzando"
Ahora con Anne Hidalgo como alcaldesa de Paris, lo que si hemos podido constatar es que no es la sensibilidad una de sus virtudes. Permitir que Felipe VI participe en un acto de homenaje a soldados republicanos es un autentico esperpento además de un insulto a sus descendientes y al republicanismo español.

Dice Anne Hidaldo que los republicanos españoles hemos pasado página, sobre esto no encuentro mejor contestación que la efectuada por David Torres en su magnifico blog "Punto de Fisión":
.....La alcaldesa de París, Anne Hidalgo, aprovechó su quijotesco apellido para meter la pata hasta el corvejón: “Usted es el rostro de esa España joven, reconciliada, que ha pasado la página de sus horas oscuras”. Cómo vamos a pasar página, señora, si en España aún hay docenas de miles de muertos sin nombre enterrados en las cunetas, si somos el segundo país del mundo, tras Camboya, con más fosas comunes sin identificar. Cómo vamos a pasar página si esos republicanos españoles a los que han dedicado un jardín de París fueron los mismos a quienes fusilaron, maltrataron, exiliaron y ningunearon en su propio país. Cómo vamos a pasar página, alma de cántaro, si el fascismo que fue expulsado a cañonazos de París por las tanquetas de La Nueve, triunfó aquí durante medio siglo y sigue prosperando, si son sus hijos y sus nietos los que nos gobiernan desde entonces, si aquí hay piaras de canallas indecentes que aún se hacen fotos con el brazo derecho en hitleriana erección. Cómo vamos a pasar la página de las horas oscuras si aquí nunca se ha hecho la luz.

Lo dicho, si la alcaldesa de Paris quiere le regalamos el lote completo: Dos reyes, dos reinas, varias infantas y hasta una princesa cortesana de apellido impronunciable. Les regalamos los originales y las copias en cera. Con este acopio de sangre azul franco-griega ya pueden comenzar una nueva etapa monárquica y devolver su esplendor al parisino Palacio de Versalles.

Benito Sacaluga.



6 de octubre de 2014

FELIPE VI Y LA HISTORIA COMÚN



Felipe V y su modesta familia en el salón
de cualquier casa española de la época.
Desde que Felipe VI fue colocado en el Palacio de la Zarzuela, investido de todos los honores y dotado de todos los privilegios que ya disfrutaba su padre, han sido varias las ocasiones en las que se ha visto en la obligación de pronunciar discursos, hablando en plata "de darnos la charla". En poco o nada se diferencian unos discursos de otros. Los que se los redactan deberían esforzarse un poco más, bastante más, y los asesores de imagen del nuevo monarca, con su esposa  a la cabeza, deberían obligarlo a tomar clases de dicción, expresión corporal y esas otras cosas tan necesarias para que el que no dice nada parezca que dice algo. Guardemos el discurso recién pronunciado en la entrega de los Premios Cavia de Periodismo que deciden en el ABC y comparemoslo con el que se presume que pronunciará en la entrega de los Premios Príncipe de Asturias, o para hablar con más propiedad de los Premios Princesa de Asturias, y comprobaremos como son un calco tuneado.  Unos discursos y un comportamiento que me recuerdan a los de José Bonaparte, rey de España por abdicación de los borbones (1) y el dedo imperial de Napoleón, centrado en hacerse simpático en Madrid para ganarse el favor popular, que daba fiestas, sonreía a todas horas y por cualquier motivo soltaba largos discursos que hacían contener la risa a los que, obligados, le escuchaban. Unos comportamientos y unos discursos de José Bonaparte que los españoles cortaron de raíz venciendo y humillando en Bailen a las tropas de su hermano Napoleón, poco después de que miles de madrileños dieran su vida luchando en las calles contra los invasores en un inolvidable dos de mayo y días posteriores.

Siguiendo con esto de las similitudes, no está de más recordar la soledad de las calles madrileñas al paso de Felipe VI camino del Palacio de las Cortes el día de su ascenso al trono. Las calles estaban vacías, tan vacías o más que cuando José Bonaparte llegó a Madrid, seguido de una escolta que más que honrarle, le defiende, y observa que las calles están vacías, que nadie sale a aclamarlo, que a pesar de que los franceses y afrancesados han dado orden de poner colgaduras en los balcones apenas se pueden ver algunas. Hasta tal punto fue el desprecio de los madrileños que el "rey" le comentó a uno de sus escoltas: "Madrid es una ciudad sin gente".

Resulta estremecedora la semejanza que existe en el tono y la entonación de las charlas de Felipe VI con las que nos daría cualquier cura desde su púlpito. El mismo tono de voz y la misma hipócrita actuación. Para que el parecido sea perfecto solo le falta que al terminar su perorata dijera eso de : "Ir en paz".

Oír en boca de Felipe VI la palabra "libertad" cuando desde que nació fue un súbdito de Franco, criado y educado "a la orden de..." resulta cuando menos hilarante. Él renunció a defender la verdadera libertad a cambio de una vida regalada y un principado y ratificó su renuncia cuando un día desfiló en el Rolls Royce de un dictador camino de su particular Notre Dame, un camino hacia la corona, pero al contrario que Napoleón, que lo hizo para coronarse emperador y así distanciarse del antiguo régimen y romper con la herencia de la Casa de Borbón, Felipe lo hizo para preservar el régimen que Franco diseñó y para perpetuar esa extranjera Casa de Borbón en una España que rezuma republicanismo. Felipe VI no puede hablar de Libertad, el concepto que tiene de ella es el mismo que el de aquel nefasto gallego que se empeñó en que España fuera "Una, Grande y Libre" aunque los españoles fuéramos muchos y reprimidos al límite. De joven nunca conoció otro significado de la palabra libertad, solo la versión de la dictadura, y ahora su reinado se basa en que los españoles carezcamos de ella para decidir que clase de Estado queremos y quien ha de ser el Jefe del Estado.

Bien sabemos todos que Felipe VI no tiene ni voz ni voto en los asuntos de gobierno, se le aplica y él acepta el humillante precepto del "come y calla". Si respeta la ausencia de voto bien podría hacer lo mismo con la voz y así ahorrarnos la vergüenza de escucharle, a la vez que el importe de su smoking y los trajes de alta costura de su esposa. Pero no lo hará, y no porque no lo esté deseando, sino por que no le dejan, él preferiría reinar como lo hizo su padre, que solo en Navidad nos daba la charla para decirnos que lo que debemos hacer es (sic) "tirar del carro". Ya sabemos todos que la corona "no puede hacer nada" para aliviar la situación laboral de una española de a pié con sus pies, los dos, en el paro (palabras de la Reina), pues claro que no, ni por ella ni por nadie que no sean sus cortesanos, nobleza obliga, aunque como en el caso de los borbones sea una nobleza de ese genero chico, de zarzuela, ni siquiera de opereta francesa como les correspondería. Yo me pregunto en que estaba pensando Felipe VI cuando en su último discurso dijo eso de (sic):   Apoyarnos y enriquecernos mutuamente desde una historia común, y no lo digo por lo del enriquecimiento, que bien podría pero hoy me abstengo, me quiero referir hoy a eso de la "historia común", palabras que pronunciadas por "Su Majestad" son un insulto a cientos de miles de españoles que dieron su vida por la República mientras su abuelo pedía a Franco un puesto en la Armada sublevada, puesto que el dictador le negó entre risas y exabruptos. De historia común nada. En todo caso historia compartida desde la coetaneidad de los hechos.

Los españoles de a pié no hemos pasado la infancia en palacios, no hemos recibido las caricias del dictador, ni a ninguno nos han regalado nada, a Felipe VI le han regalado un trono. De historia común nada. Los españoles de a pie no hemos derogado una Constitución como hizo su antepasado Fernando VII. Tampoco hemos dilapidado el dinero de nadie en orgías palaciegas como su nada lejana antepasada Isabel II, tampoco hemos cazado elefantes como su padre, tampoco hemos hecho "viajes privados" con una princesa que no lo es, como su padre, y tampoco hemos sido agasajados en palacios árabes, tampoco hemos..... De historia común nada. Tampoco las diferentes regiones que hoy conforman esta España tienen una historia común, si a eso se quería referir el rey en su discurso demuestra un perfecto desconocimiento de la historia de España, aparte de un gran desprecio por la individualidades de sus antiguos reinos, de sus regiones y de su atribulada historia. De historia común nada. Si acaso juntos, pero nunca revueltos, y si juntos nunca a la fuerza.

Algo si ha sido común a todos los españoles y ha sido el tener que soportar a la Casa de Borbón desde hace exactamente 314 años, que no es poco tiempo, ni pocas las desgracias que nos han supuesto sus reinados, intrigas, guerras de sucesión, directorios militares, protección a ultranza del catolicismo, pérdida total de las colonias y vergonzosos comportamientos personales. Sí, 314 años desde que Philippe de Bourbon, duque de Anjou, nacido en Versalles como segundo de los hijos de Luis, Gran Delfín de Francia y de María Ana de Baviera, fuese coronado como Felipe V rey de España.

Ya acabo, solo por si alguien le cuenta a Felipe VI algo de lo anterior, rogarle que me hiciera el favor de decirle a Su Majestad que una cosa es "su" historia de España y otra historia la de los españoles, y que la España de hoy no es una unidad formada por sus pueblos, es un conjunto de ellos, como debe ser y solo ser hasta que libremente alguno de ellos quiera bajarse del tren.

Benito Sacaluga.



(1) En marzo de 1808 tuvo lugar la revuelta de la servidumbre y los oficiales en la residencia del rey en Aranjuez. Forzado por su guardia personal, Carlos IV tuvo que ceder la corona a su hijo, Fernando VII, quien ya había intentado dar un golpe similar cinco años antes en El Escorial. En mayo siguiente, tras la ocupación de España por las tropas del Emperador de todas las Francias, Napoleón Bonaparte, Carlos IV y Fernando VII fueron enviados a la localidad francesa de Bayona. Allí el emperador obligó a Fernando VII a devolver la corona a su padre quien a su vez fue obligado a abdicar en Napoleón. Dos días después el emperador se la cedía a su hermano, José, quien sería rey de España hasta 1814.

La abdicación es una costumbre digamos que bastante habitual en la Casa de Borbón:


  • El primer Borbón, Felipe V, cedió la corona a su hijo Luis I de España hasta que una viruela se lo llevase por delante y Felipe V se vió obligado a sentarse nuevamente en el trono de España.
  • Carlos IV abdicó en su hijo Fernando VII.
  • Fernando VII es obligado por Napoleón a abdicar en su padre, Carlos IV, y este en Napoleón, quien a su vez cede la corona a José Bonaparte.
  • Isabel II abdicó en su hijo, Alfonso XII.
  • Alfonso XIII "abdica" (es expulsado de España), la Junta Republicana asume la Jefatura del Estado.
  • Juan de Borbón abdica en su hijo Juan Carlos I, obligado por el dictador Franco.
  • Juan Carlos abdica, obligado, en su hijo, Felipe VI.
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