23 de diciembre de 2013

EL SILENCIO DEL REY






Mañana, día 24 de diciembre, el rey de España se dirigirá a los españoles a través de un discurso en diferido. Una vez pronunciado, los medios de comunicación sacarán conclusiones de su contenido y asistiremos a un autentico baile de opiniones encontradas y de la más variada intención.

Con toda seguridad habrá muchas familias que se sentarán delante del televisor dispuestas a dar valor a lo que el monarca lea en esos folios digitales que nosotros no veremos. Otras huirán de la parrafada en franca dispersión. Otros y otras solo lo escucharan a ratos mientras comprueban el grado de descongelación de los langostinos comprados hace meses o revisando el punto de asado de ese cordero argentino que ha sido cobijado en un congelador desde que le llegó la hora de convertirse definitivamente en comida. Otros quizás lo hagan en un comedor social, donde por cierto ya se está empezando a comer más y mejor que en las casas de muchos condenados al paro y además con postre y calefacción.

A lo largo del discurso y entre sus oyentes se escucharán frases como: Que razón tiene... Si no fuera por él, etc... aunque mucho me temo que la más pronunciada sea la castiza expresión : La madre que lo parió!!!, con toda seguridad habrá otras que harán alusión a esos parientes cercanos del navideño cordero, que no se comen pero que han logrado instaurarse con fuerza en el lenguaje popular gracias a su contundente fonética.

Desde luego hay que reconocer que tiene valor. Claro que,.... relativamente. Largar un discurso desde las dependencias de un palacio cuando los destinatarios cortan el turrón en trozos cada año más pequeños es indecente y hacerlo a través de la tele una cómoda cobardía. Otra cosa sería si a modo papal se dirigiese a sus súbditos desde el balcón principal de su Palacio de Oriente, el mismo balcón desde el cual acompañaba al dictador cuando nos decía eso de !!! Españoles¡¡¡ y !!! Arriba España¡¡¡, pero no, no lo hará, principalmente porque los pitos y abucheos del populacho impedirían que se le escuchase y además hace frío en Madrid. Una pena que no lo haga, la asistencia de público la tendría garantizada y los bares de la zona se lo agradecerían. Haciéndolo como lo hace, parapetado en su dorada e inviolable trinchera, el supuesto valor se transforma de forma inmediata en vergüenza.

Con toda seguridad su discurso será un insulto hacia las clases desfavorecidas, esas clases que por no tener no tienen ni trabajo y que hoy ya empiezan a cenar con mitones de lana porque no pueden encender la calefacción, ese calor negro con el que las eléctricas y Montoro se están poniendo morados. Seguirá pretendiendo que tiremos del carro donde van cómodamente instalados él, su familia y los señores del dinero, sin darse cuenta de que ya no nos quedan fuerzas o que simplemente no nos da la gana. Nos hablará de la historia y hasta puede que nos recuerde el dos de mayo para así apelar a la fortaleza del pueblo español, aunque pensándolo bien los borbones mejor se callan sobre esta significativa fecha, tal y como se callaron cuando tres días después abdicaron en Bayona cediendo la corona al hermano de Napoleón y Fernando VII empezó a hacer ganchillo en Francia, dejando que fueran los españoles los que se liaran a palos con los franceses, para luego volver cinco años después a mesa puesta para cargarse las Cortes de Cadiz, imponer al absolutismo con la ayuda de los Cien Mil Hijos de San Luis y sus santas madres, amargarles la vida a los españoles durante veinte años y una vez debidamente sepultado dejarnos en herencia tres guerras carlistas, tres guerras civiles.

Nada de lo que nos diga el rey en su navideño discurso tendrá importancia, dado que a buen seguro no nos anunciará la renuncia al trono de él y de sus ascendientes y descendientes. Nada de lo que diga cambiará nada y esto no se le debe consentir a la máxima autoridad del país, al jefe del Estado. Me temo, estoy seguro, de que su discurso seguirá siendo simplemente una burda arenga. No obstante medios como ABC o La Razón se devanarán los sesos para encontrar la frase genial que irá a toda página en sus portadas y algún pasaje del discurso que justifique la tinta gastada en el más que seguro editorial.

Ya se que requiere un cierto esfuerzo por nuestra parte, pero una vez soportado el discurso deberiamos ponernos a pensar en lo que NO nos ha dicho. En sus silencios. Un silencio abrumador y consentidor sobre todo lo negativo que está sucediendo en esta España devaluada. Nos nos hablará de la corrupción instalada en las instituciones. Tampoco nos hablará de su inmensa fortuna. Por supuesto nada nos dirá sobre sus apoyos al único yerno que le queda, ni pedirá que la justicia actué de forma implacable dejando a un lado el real parentesco. No se mostrará indignado por todos aquellos españoles y españolas que habiendo cumplido ya los 50 están definitivamente excluidos del mercado laboral. Tampoco criticará al Partido Popular por haberse opuesto a que a las familias sin ingresos no se les corte la luz. Ni mucho menos osará, Dios le libre, de opinar sobre la barbaridad que supone la modificación de la legislación sobre el aborto, ni sobre el recorte de libertades que supone la nueva ley de seguridad ciudadana. Con esa mirada de hipócrita compasión que tan ensayada tiene pasará de largo sobre el acelerado aumento de los indices de pobreza, o en el mejor de los casos apelará a la providencia para que dicha pobreza sea debidamente controlada. Nada nos dirá tampoco sobre la privatización de la sanidad, menos aún lo hará sobre los cientos de miles de familias estafadas por las participaciones preferentes, tampoco mostrará su indignación por la pérdida del poder adquisitivo de los pensionistas, por los copagos sanitarios ni por la desesperada juventud española. Nada hablará sobre el aumento de los precios de las matriculas universitarias, ni sobre una ley de educación que ordena que la religión católica sea una asignatura obligatoria y además forme parte de la nota media necesaria para acceder a otros estudios. Tampoco se acordará ni pedirá perdón, estaría bueno, de y por los cientos de miles de españoles masacrados por su mentor en atención a unas leyes que él, por dos veces, ha jurado acatar y defender. 

Puestos a suponer, seguro que después de la grabación de su discurso, les habrá preguntado a sus consejeros : ¿ Que tal lo he hecho? ¿Vale ya, o lo repetimos otra vez?

A modo de resumen y para aquellos a los que se les revuelva el estómago si presencian el discurso, les dejó dos párrafos del pronunciado en 2012, párrafos que sin duda alguna resumirán el de este año:
La realidad actual es compleja y no siempre fácil de entender ni de solucionar en el corto plazo. Austeridad y crecimiento deben ser compatibles. Las renuncias de hoy han de garantizar el bienestar de mañana, en un plazo razonable de tiempo, de manera que se asegure la protección de los derechos sociales que son seña de identidad de nuestra sociedad desarrollada.
La Corona es muy consciente del esfuerzo y el sacrificio que los ciudadanos están llevando a cabo con entereza. Ningún esfuerzo en la vida es baldío y tampoco lo serán los que se están haciendo ahora. En este contexto, quiero resaltar la actitud abnegada y leal de las familias y la solidaridad de muchas organizaciones asistenciales que, con su ayuda, tanto están contribuyendo a la estabilidad social. También, el sacrificio de todos los españoles que dejan ahora nuestro país para conseguir mejores condiciones de vida para ellos y sus familias. Su experiencia y preparación constituirán a su regreso un importantísimo efecto dinamizador de nuestra economía.

Esto es lo que hay, un rico compadeciéndose hipocritamente de aquellos a los que que con su beneplácito, su firma está en todas las leyes, se ha sumido en la pobreza, simplemente porque lo exige el guión. No nos olvidemos que este señor es el Jefe del Estado, tampoco de que aunque constitucionalmente no se le puedan exigir responsabilidades existe algo que se llama ética y moral, principios cuyo conocimiento y práctica resultan indispensables para el ejercicio en justicia de cualquier liderazgo, claro que en su descargo debemos admitir que su total desconocimiento sobre esta materias está justificado, la educación franquista que recibió los tenía excluidos de los temarios.

Benito Sacaluga



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