2 de octubre de 2018

FRANCO IS DIFFERENT



Los españoles somos así, siempre con nuestros complejos de inferioridad y nuestros miedos. Nunca hemos sabido tomarle al nacionalcatolicismo su verdadera dimensión, hemos mirado para otro lado, deslumbrados por el espejismo de una aparente democracia, confiados en que la semilla franquista dejaría de germinar por si sola. Tragamos, unos a la fuerza y otros encantados, con una Transición trufada de continuismo y con una vergonzosa Ley de Amnistía como aglutinantes de las decisiones a tomar. Hoy es la Transición y los presuntos principios que la hicieron posible, entre ellos la tan cacareada reconciliación, los elementos que sustentan los argumentos de la extrema derecha y la iglesia católica en el desagradable asunto de la exhumación de los restos del dictador Franco. 

1953. Franco recibiendo del cardenal Pla 

el Collar  de la Suprema Orden Ecuestre de la Milicia de Nuestro Señor Jesucristo
en la capilla de palacio de Oriente. Distinción Concedida por el papa Pío XII.
Franco, ante el altar, y de rodillas, pronunció las siguientes palabras:


(1) «Prometo, juro y quiero mantener este juramento hasta el último aliento de mi vida, que, con la ayuda de Dios, cons­tantemente retendré y profesaré íntegra e inviolada esta fe cató­lica, en la misma forma que ahora espontáneamente la profeso y declaro. Y que por lo que a mí personalmente y por razón del gobierno se refiere, procuraré que sea profesada, enseñada y practicada por mis súbditos y por aquellos cuyo cuidado tenga hoy o pueda tener más tarde a mi cargo. Yo mismo, Francisco Franco Bahamonde, por último, prometo y juro a Dios omni­potente, a la Virgen Inmaculada María Santísima y a todos los santos, que, ayudado por la gracia de Dios, llevaré siempre vida ejemplar, con las virtudes que convienen a un buen soldado de Jesucristo».



Si hace unos días el debate estaba protagonizado por la conveniencia o no del traslado de la momia de Franco, hoy el problema consiste en el lugar donde los restos deban ser nuevamente enterrados. Ambos debates se han llevado a cabo bajo dos denominadores, uno la cobardía de la izquierda democrática, otro el filofranquismo de las derechas, de las extremas derechas y de los franquistas a secas, con el apoyo incondicional de los gerifaltes de la misma organización religiosa que alentó el golpe de estado de 1936, la posterior sublevación militar, a la que denominaron Cruzada haciendo suya una frase de José Antonio Primo de Rivera, para después estar 40 años llevando bajo palio al dictador.

Durante el franquismo la comunión Iglesia - Estado era una ley no escrita, nada ni nadie podía impedirlo, pero hoy las cosas deberían haber cambiado. Hoy ya no es admisible que las decisiones de Estado estén sometidas al visto bueno de la iglesia. Hoy tampoco es admisible que la iglesia colabore con los herederos del dictador para que sus restos reposen en un templo, en una catedral que se supone de todos los madrileños, de esos mismos madrileños cuyos antepasados se enfrentaron durante tres años a las tropas franquistas y a los bombardeos de la aviación alemana e italiana. Este viaje mejor no hacerlo, mejor que los restos del genocida sigan donde están. Después de haber rescatado del Valle los restos de los españoles que allí, revueltos y sin atención, aún reposan, dejemos que el tiempo y el abandono económico hagan su implacable tarea de destrucción.

Políticos de izquierdas, tertulianos de una y otra manga, medios de comunicación...no dejan de repetir, incesantemente, que lo que está pasando en España con los restos de Franco no sería posible en Alemania ni en Italia, en relación con Hitler y Mussolini, olvidando que Franco ganó su guerra, cosa que no hicieron ni Hitler ni Mussolini, y que Franco, además de ganar la guerra y aplicar la política de tierra quemada, amparado por la iglesia católica dispuso de 40 años para adoctrinar a un pueblo entero. Si, está claro "Franco is different", y desgraciadamente así lo ven muchos, muchísimos españoles, y así lo ha visto siempre la iglesia católica, en España y en el Vaticano.


Benito Sacaluga




(1) Fuente: Contracorriente

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